
En un estudio realizado por Betzabé Tello y colaboradores, basado en una encuesta de salud de 2018, se determinó que en niños ecuatorianos de 5 a 11 años, el aumento de la edad, el sexo masculino, la etnia mestiza, los quintiles económicos más altos, la eliminación inadecuada de excrementos y la falta de actividad física son factores asociados a una mayor probabilidad de sobrepeso u obesidad.
Sin embargo, es interesante conocer que de acuerdo con sus resultados, el impacto del consumo de comidas proporcionadas por la escuela no fue concluyente. A pesar de ello, los niños de familias con un mayor número de personas en el hogar y con familias que reconocen y utilizan las etiquetas de los alimentos procesados mostraron una mayor probabilidad de padecer sobrepeso u obesidad.
Para 2020, una revisión bibliográfica llevada a cabo por Tahar Hajri y colaboradores, mostraron que en general, la prevalencia de la obesidad fue relativamente baja en la primera infancia (preescolares) y no mostró un cambio claro en los niños en edad escolar y los adolescentes, las estimaciones de prevalencia agrupada fueron del 8.1 % , 10.7 % y 10.5 %, respectivamente.
Para 2023, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Desnutrición Infantil (ENDI) elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) del Ecuador, la alimentación de cientos de niños en el país se basa en productos ultraprocesados y altos en azúcar. Esto ha provocado que el 5,5% de niños menores de cinco años sufra de sobrepeso u obesidad.

Infantil – ENDI
Una mirada a la obesidad a nivel molecular
A nivel molecular, el «tira y afloja» de la leptina y la insulina influye también en nuestros hábitos alimenticios.


Cuando comemos, el azúcar –o glucosa– de la comida que ingerimos pasa a la sangre. Cuando los niveles de glucosa son altos, se genera una alerta en la que rápidamente se indica al páncreas que produzca insulina. La insulina viaja por la sangre, llega a las células y abre una puerta en ellas para que entre la glucosa. Como consecuencia, los niveles de glucosa en sangre bajan, la glucosa se transforma en energía dentro de las células y nosotros, tras un rato, nos sentimos activos.
En cambio, la leptina, que también se produce cuando comemos y que además es producida en el tejido adiposo (el lugar del cuerpo donde se acumula la grasa) viaja hasta nuestro cerebro y le dice: “Ya has comido suficiente, es hora de parar”, es decir, es una que indica saciamiento y que regula las reservas de grasa en nuestro cuerpo.
En el caso de la obesidad, las personas con este trastorno tienen niveles elevados de leptina en sangre. Esto se debe a que, excederse con la comida a largo plazo produce daños en el cerebro que impiden que la leptina de la señal de STOP. Esto impide que nos sintamos saciados y dejemos de comer, lo que se convierte en un círculo vicioso. De hecho, en un experimento en el que se utilizaron modelos animales modificados genéticamente para que no produzcan leptina o su receptor, haciendo que no se reciba la señal de sacramento, estos desarrollaron obesidad severa.
¿Qué puedes hacer para combatir la obesidad?
- Educación Nutricional: Organiza talleres, charlas o campañas educativas sobre nutrición y hábitos alimenticios saludables dirigidos a padres, maestros y niños. Proporciona información sobre la importancia de una dieta equilibrada y cómo hacer elecciones saludables de alimentos.
- Fomento de la Actividad Física: Promueve la actividad física entre los niños mediante la organización de actividades deportivas, clases de ejercicio, juegos al aire libre y la creación de espacios seguros para jugar. También puedes colaborar con escuelas para incluir más tiempo dedicado a la educación física en el currículo.
- Acceso a Alimentos Saludables: Trabaja para aumentar el acceso a alimentos frescos y saludables en la comunidad, ya sea a través de mercados de agricultores locales, programas de huertos comunitarios o iniciativas que fomenten la disponibilidad de frutas y verduras en las tiendas locales.
- Apoyo Familiar: Brinda apoyo a las familias para que adopten hábitos de vida saludables, como proporcionar recetas saludables, ofrecer consejos sobre cómo preparar comidas balanceadas y cómo involucrar a los niños en la cocina.
- Programas Escolares Saludables: Trabaja con las escuelas para implementar programas de alimentación escolar saludable y eliminar la disponibilidad de alimentos altamente procesados y bebidas azucaradas en las máquinas expendedoras y cafeterías.
- Seguimiento y Evaluación: Establece un sistema para monitorear y evaluar el progreso en la lucha contra la obesidad infantil en tu comunidad. Esto puede incluir la recopilación de datos sobre el índice de masa corporal (IMC) de los niños, la participación en programas de salud y la percepción de los padres sobre los cambios en los hábitos alimenticios y de actividad física de sus hijos.
- Alianzas Comunitarias: Trabaja en colaboración con organizaciones locales, autoridades de salud, escuelas, empresas y líderes comunitarios para implementar estrategias integrales y sostenibles para abordar la obesidad infantil desde múltiples frentes.

Es nuestro momento de aportar, empecemos desde casa, trabajando por un cambio de adentro hacia fuera. Nuestros hijos requieren nuestro apoyo.
Si te gustó esta entrada de blog no te olvides de compartirla con toda tu comunidad, ayúdanos a crecer y mantener nuestra actividad de divulgación.

Deja un comentario